Mentalidad y educación superior

Antes de la reforma a la Ley de Educación Superior se busca un diálogo con los representantes de las distintas universidades del país, tanto públicas como privadas, para escuchar las diversas problemáticas que enfrentan cada una de ellas. Muy seguramente en estas reuniones se tratarán temas icónicos, como el paradigma de la educación, el cumplimiento de las asignaciones presupuestarias, las pruebas de ingreso, el escalafón docente, entre otros temas importantes y trascendentales en el funcionamiento y organización de la educación superior. Es importante resaltar que el marco normativo que rija a la enseñanza debe orientarse a su universalización, a entender que la educación debe inmiscuirse en el proceso de transición de las eras industriales y, sobre todo, entender que la academia ya no es la única transmisora de valores y conocimientos, debido a los últimos cambios sociales, culturales y tecnológicos que se extienden con la progresiva configuración de la sociedad posindustrial, de la información, de la comunicación y del conocimiento.

No obstante, existe un asunto muy simple que debe ser acogido por quienes estén al frente de esta reforma y se basa en la mentalidad que se transmite al estudiante. Esta mentalidad proviene de la manera en que funcionan las cátedras universitarias. Por ejemplo, si un docente se centra únicamente en la explicación de su cátedra y nada más, el estudiante se acostumbrará a solamente recibirla y no dar un paso más allá en la investigación u otros desarrollos que son las competencias principales que se deberían impulsar. Cuando el estudiante culmine la universidad, saldrá a buscar un trabajo y hará exactamente lo que su jefe o líder le encomiende y tampoco dará un paso más allá para buscar mejorar y optimizar la empresa para la que labora, o inclusive tampoco pensará en emprender o crear su propia empresa. Pero en cambio, si el docente más allá de solo dictar su cátedra también incentiva al estudiante a investigar, a publicar artículos y a desarrollar tecnología en el nivel de estudio que le corresponda, seguramente inducirá al desarrollo personal del ser humano y por ende cuando el estudiante se gradúe buscará incursionar en ámbitos de investigación y desarrollo de la empresa en donde labore. Esto lo orientará a mejorar sus competencias personales y pronto buscará crecer o progresar, primero en la empresa y en un tiempo prudente buscará formar su propio negocio, el mismo que paralelo a otras condiciones podría inclusive ser una fuente de empleo.

Este pequeño cambio será lo que a futuro permita el progreso del Ecuador, pues no tendremos solamente una masa laboral que busca trabajo y engrosa las estadísticas del desempleo, sino que tendremos profesionales capaces de desarrollar, investigar, crear y dar el valor agregado que necesita el país a su materia prima. Pero para lograr este cambio debemos incentivar al docente a buscar programas de financiamiento bien sean europeos, americanos, entre otros, para poder dar el impulso inicial que el sector necesita. Este cambio de mentalidad debe ser llevado a la práctica por quienes estén encargados de la reforma de la ley.

FUENTE: EL UNIVERSO

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